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¿Acaso Dios?

Últimamente he estado pensando en mi vago y sin sentido dicho “¿Quién soy yo para negarle amor al mundo?” Debido a variadas opiniones al respecto, he estado analizando que tan bueno sería el dicho para aplicarlo a la vida, más allá de un hombre.

La frase es simple y concreta, la he utilizado para burlarme de las diversas condiciones en la que me he encontrado y me la paso gritándole a mis compañeros que quién soy para negar amor… Claro, todos lo tomamos de una sola manera y no es precisamente a la que me voy a referir.

Pero brindarle amor al mundo va más allá de un par de besos, copas y cuerpos rozándose, sin ánimo de tumbar mi propia filosofía y a manera bastante personal podría decir que le brindo un poquito de amor al mundo cada día, al mundo en general.

Brindarle amor al mundo está en sonreír cuando es necesario, explotar de emoción cuando veo al sol brillar por la ventana, hacer reír a la gente (así sea con obscenidades, felicidad es felicidad). Brindar amor es ayudar a la persona que lo necesita, es sonreír a quien te sonríe y es intentar en lo posible tener buena energía para todos. Brindar amor es recordar que hay alguien al que una pelota que alumbra lo haría feliz y regalársela; brindarle amor al mundo es ver lo bonito que tiene la gente en su interior y hacérselo ver.

No estoy muy segura si dejaré de lado las mil maneras de brindarle amor al mundo, y aunque este escrito suena a polvo de cajón (y a polvo del otro), no puedo negar mi naturaleza, ni la sensible ni la otra. Creo que seguiré gritándole a mis amigos, posibles victimas y demás la frase.

¿Quién soy para negarle amor al mundo? ¿Acaso Dios?

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