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La señora de pelo rojo y sopa de papas.

Este es un escrito como homenaje y despedida para Fanny Mikey:

Llego en barco y se fue al cielo.

Un par de hermosas piernas y la energía comparada con la del sol le sirvieron de gasolina para llegar al inalcanzable límite, el único que tenía, el cielo.

Llega a tierras extranjeras a bailar salsa en vez de tango, a tomar tinto en lugar de mate y a vivir intensamente cada minuto de su vida. Llega persiguiendo un amor y queda enamorada de la tierra de la desesperanza, llega a sembrar alegría, llega a crear sueños e ilusiones y, como hormiga roja, no deja de trabajar ni un minuto en medio de las tablas.

Se convierte en pionera de sueños, en la reina de la tierra de los sueños. Cada día es diferente, cada día se reinventa la mujer de grandes pechos, de mirada seductora y sonrisa juguetona. Nunca llega la noche, para ella no existía la noche y aquellos sueños nunca fueron inconscientes, siempre los tuvo reales, presentes, palpitando en la incesante pasión de su espíritu para convertirse en la mamá del más grande de todos.

Se convierte en Gata Caliente, se inventa escenarios perfectos para la creación de nuevos espíritus, tenia su propio Sexo Mandamiento, era La Mujer del Domingo, todo reunido en cuerpo cansado que trabajaba obligado,

Salía la reina en su carruaje por el séptimo camino, rodeada de sus personajes favoritos, de personajes llenos de magia, de música, de aquellos personajes que sólo ella con su encanto podría reunir, de personajes que creían solamente en ella, en la reina, en la mamá, en el espíritu pasional que llevaba en su interior.

Convertía el triste gris en color y resplandor, el sonido monótono de una ciudad en la maravilla de la fantasía, espacios completos repletos de su inagotable energía, esa única energía que ella tenía.

Muy agradecidos quedaban todos los súbditos y los invitados al recibir de sus manos sopa de papas y una sonrisa cortes de su cara.

Nos dejas, querida reina, toda tu energía, todo el espíritu, lo mejor que tenías era tu ímpetu y tu espíritu. Y ahora vas feliz riéndote a donde no existen límites, aunque para ti nunca existieron, señora del teatro te vamos a extrañar, y añoraremos nuevamente tu pasión aunque como se dice en las tablas “El show debe continuar”

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