Ir al contenido principal

Dame la derrota

- Déjalo
Eso fue lo único que atiné a decirle, de las cosas menos inteligentes que le he dicho. De las cosas más estúpidas que he podido decir.

No era un consejo, era mi deseo. Yo quería dejar de tener la mitad de la naranja para tenerla completa, ella completa.

Quería dejar de vivir la ilusión de un “Podría ser” para tener un “Felices para siempre” como si de verdad existieran los cuentos de hadas, como si yo creyera en ellos, como si pensara que en algún lugar al final del cuento realmente se encuentra la felicidad eterna que le prometen a las niñas al dormir.

No entendía cómo ella siendo tan perfecta para mi, lograba estar con alguien más si yo era para ella, si siempre fui para ella aunque antes no la encontraba y vine a hacerlo cuando ya alguien más ocupaba mi lugar.

- Olvídame

Eso me respondió.
Ella pretendía que yo sencillamente quitara los recuerdos de la cabeza y de eso que llaman corazón, fácil.

Olvidarla era olvidar muchas horas de mi vida que, en ese caso, hubieran sido desperdiciadas al estar con un ser que no destrozaba corazones ni era una villana, solo era una mujer normal con una vida normal, que apareció de repente para que mi vida tuviera un color más brillante, para que las estrellas fugaces no tuvieramos que verlas solo en el cielo sino sentirlas en la panza.

- Déjame

Yo no era capaz de olvidarla, así que ella, quizás, en medio de sus dulces labios pudiera decir las palabras que yo no podía pronunciar, que no quería decir, que no pensaba ejecutar. Si su mundo  estaba en mi contra, era su deber vencer al enemigo quien, en este caso, pedía a gritos la derrota.

- No te dejo, te olvido.


Y la puerta cerrándose fue lo último que vi.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Una cajita pequeñita

Estoy buscando una cajita pequeñita, para disminuir todo y meterlo allí, y guardarla en un cajón. Y sacarla cuando ya nada importe. Una cajita pequeñita, con un moñito para que se vea más bonita, y ojala gotitas de lluvia para hacerla melancolica. Una cajita pequeñita, bonita y melancolica. Una cajita pequeñita.
Cuando la melancolía llega,  ni siquiera toca la puerta,  entra como perro por su casa.

Nunca es suficiente

Nunca lo ha sido y para el día a día es más difícil sobrellevar el corazón a lo cruel del mundo. Leí alguna vez que todas las personas mienten, la única variable es acerca de qué, y lo creo firmemente. Entregas ese pequeño trozo de ti, sin esperar más a cambio que el buen trato y te estrellas con lo bonito del dolor. Nada ni nadie es para siempre. Algunos se sientan a rezar, otros se sientan a esperar que todo cambie, otros un poco menos astutos sólo ven como corren lagrimitas de cielo por sus mejillas. Nada es inevitable, todo sucede por una razón… ¿Cuál es la razón? Enviarte lejos del destino y burlarte de él. Nadie lo sabe Lo que es seguro, es que para mi la derrota no es una opción. También leí que las cicatrices son las marcas de un guerrero, son su victoria o su perdición… Es como el vaso medio lleno o medio vacío, todo depende de cómo lo veas. Prefiero no esperar, en vez de esperar me siento a reír. En vez de rezar o suspirar por lo perdido, le susurro mis sueños al hermoso día ...