Ir al contenido principal

Entradas

Para enamorarse no hace falta sino ser bestia

Para morirse no hace falta sino estar vivo. Eso dice mi papá. Para enamorarse no hace falta sino ser bestia… Porque hay que ser bien bestia para enamorarse de alguien que se apareció de repente en tu vida, así sin pedir permiso. El corazón se vuelve una mezcolanza de sonrisas idiotas… luego uno va a ver que el idiota, en efecto, es uno. El problema realmente es que uno no se siente tan idiota sino hasta cuando ya toda la tempestad de emociones ha terminado, cuando ya ve pasar en la mente imágenes que harían sonrojar a cualquiera, o eso cree uno. Y en los momentos más felices de la relación están las lagrimas de la despedida… ahí es cuando empieza a nacer el dolor, cuando empezamos sin darnos cuenta a germinar y sembrar las primeras raíces de las, al parecer, interminables lágrimas, las eternas canciones y los olores que por alguna razón empiezan a perseguirlo a uno por donde vaya… No sean bestias, el amor es perjudicial para la salud… aunque el cigarrillo es igual y ahí me tienen fumán...

Soy del común

No me había fijado que estaba cansada de los intelectualoides que citan en sus frases a por lo menos 5 escritores, 4 obras y 3 frases célebres. Me di cuenta hasta el día de hoy. Esos seres con un aire interesante de misterio que se ocultan en su fachada bohemia y que lo único que saben hacer es caminar con estilo dejando atrás el humo del cigarrillo que llevan característicamente en sus escuálidas manos. Es bien sabido por estos personajes que de alguna manera llaman la atención… Nunca nadie sabe por qué. Me cansé de escucharlos, de verlos, de tratar con ellos. De querer hacer gala de sus conocimientos frente a la gente del común pues se sienten superiores al saberse de memoria grandes obras de reconocidos autores… Como si eso los hiciera en algo sociables o por lo menos realmente interesantes. No lo crítico, me parecen muy interesantes aquellas bibliotecas narcisistas andantes, pero no dejo de pensar que más allá de un simple apego por el intelectualismo (mal llamado) cultural,...

¿Acaso Dios?

Últimamente he estado pensando en mi vago y sin sentido dicho “¿Quién soy yo para negarle amor al mundo?” Debido a variadas opiniones al respecto, he estado analizando que tan bueno sería el dicho para aplicarlo a la vida, más allá de un hombre. La frase es simple y concreta, la he utilizado para burlarme de las diversas condiciones en la que me he encontrado y me la paso gritándole a mis compañeros que quién soy para negar amor… Claro, todos lo tomamos de una sola manera y no es precisamente a la que me voy a referir. Pero brindarle amor al mundo va más allá de un par de besos, copas y cuerpos rozándose, sin ánimo de tumbar mi propia filosofía y a manera bastante personal podría decir que le brindo un poquito de amor al mundo cada día, al mundo en general. Brindarle amor al mundo está en sonreír cuando es necesario, explotar de emoción cuando veo al sol brillar por la ventana, hacer reír a la gente (así sea con obscenidades, felicidad es felicidad). Brindar amor es ayudar a la persona...

Odio hoy.

Hoy, un día tan normal, tan tranquilo, tan soleado y entre el sol las gotitas. Hoy es un día cualquiera para el mundo, pero no para mí porque yo hoy odio al mundo. No sé realmente si el mundo me odia a mí justo hoy, pero yo lo odio hoy y sólo hoy. Odio que el pequeñito no haya querido desayunar rápido, odio que la ducha me congele, hoy odio el tinto frío pero me gusta amargo, cuando generalmente lo odio amargo. Hoy odio que el sol me golpee los ojos y las gotas me rocen el cabello, odio al gato que siempre me mira cuando salgo por la puerta con ese blanco que odio hoy. Hoy odio a los pajarracos grandes que se sientan en los techo porque hoy y sólo hoy no tienen motivos para vivir. Odio al imbécil que me empujó en el bus esta mañana, odio al conductor porque en el puente casi me hace caer cuando estaba leyendo un cuento sobre el odio y odio al mismísimo bus. Hoy y sólo hoy odio caminar sola, odio la tienda y al amable señor que me vende los cigarros. Odio el pasto ta...

Si tan sólo pudieras leer.

No puedo perderte de manera tan ruin. No he llegado hasta acá para ver como te vas con el enemigo, he librado mil guerras, he pasado por varios campos, he caminado de manera distinta sólo para llevar tu mano en la mía y ahora prefieres irte lejos, como si todo lo que he brindado por ganar no valiera de nada. ¿Sería justo acaso culparte? ¿Sería justo retenerte? ¿O sería más justo dejarte ir lejos? He luchado tanto por conquistar esa sonrisa que ahora sonríe tras alguien más… Como es posible que luego de tantas caídas me dejes a mi suerte, ¿no puedes ver que soy yo quien más te ama? No me siento orgullosa de todas las batallas que he librado, ni siquiera estoy segura si las he ganado, pero no puedo perderme en lamer mis heridas, siempre las he hecho cicatrizar, siempre las he lucido arrogante, siempre me he pavoneado de llevarlas conmigo, unas más escondidas que otras, pero siempre han estado allí, victoriosas. Alguna vez leí que el símbolo de un guerrero son sus cicatri...

Liberado en el cuento

El temor más grande no era hacia ella, era hacia mis locos impulsos, no resistía la tentación de tenerla tan cerca y yo cada vez la alejaba más. Eran tantas las veces que la tuve tan cerca y yo inmóvil, con ganas de hablarle pero son ímpetu alguno. Era difícil la situación sabiendo que el entorno no ayudaba a lo que sentíamos. ¿Sería un capricho de una señorita de letras? Repetidas veces su respuesta era no, repetidas veces sólo atinaba a decirme que no confiaba en ella misma cuando me tenía cerca. Siempre en las noches frías de mi hermosa ciudad añoraba la presencia solitaria de la damita andante que recorría conmigo las calles sin protesta alguna, así que decidí frenarlo todo, frenar esos impulsos, más los de ella que los míos. Cuando pensaba que tenía todo bajo control ella se metía con fuerza en mi alma, no permitía esa distancia, yo luchaba por alejarla y ella por acercarme, era una guerra estúpida como todas las de este mundo. En un momento me encontré envuelto en uno d...

Nuevo Mensaje

No era una fresca mañana de abril, ni mucho menos. Además en esta ciudad no existen las frescas mañanas de abril, lo que existe es la frase de mamá “póngase algo fresco, eso si no deje la sombrilla ni la chaqueta porque no se sabe si llueva o sólo haga frío”. El hecho es que era una mañana, sin frío y sin sol, sin gloria ni pena, la que llegaba para avisarme que era de día y que una vez más, el insomnio hacia parte de mi historia del día inmediatamente anterior. No me quejo, él y yo ya hicimos un pacto de amores, así que cuando le soy infiel con el sueño, él me perdona. Me levantaba yo, con la mente fija en una sola cosa: Mi tinto de la mañana. No hay nada mejor para mí que el exquisito sabor del café mañanero, el primero, el único, el que se compara con el primer orgasmo. Ese, ese tinto. Y bueno, cosas más, cosas menos, llegué a mi destino, esa mañana, donde me lo encontré sentadito en el pasto, esperándome y hasta pensándome. Lo miré como si nada, aunque él esperaba respues...