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En Agosto Hace Frío

- Dame un abrazo… pero no me mires así, es sólo un abrazo. - ¿Por qué un abrazo? - Tengo frío… claro que eres un témpano de hielo, pero también el único ser humano que está más cerca. - Tú no cambias mujer… y no hace frío. Carajo, si hacía frío, los ventarrones eran helados y la noche traía aún más frío, pero ahí estaba él quieto, mirándome, hermoso como yo siempre lo había visto. - no te veía hace mucho mujer - es que no me había dejado ver Lo quería… lo quiero y eso no cambia. Me deslumbra cada vez que lo veo, me encanta ese artista, me gusta su mirada y su voz, me encanta escucharlo. Me confunde, pero me hace feliz por minuto y medio. Estábamos en un parque cualquiera, en una noche cualquiera de cualquier agosto. Con nosotros eso no importa, el tiempo y la distancia no existen. Empezamos a caminar, las hojas corrían con el viento. - mira… las hojas huyen de nosotros - sí, el alma las asusta, sobre todo la tuya- le dije Me lo encontré en un ciudad cualquiera u...

Tóquela

Cuento para el Primer Concurso de Cuento Corto SoHo.com.co (comunidades) , no gané ni quedé en el ranking, pero bueno. Tal cual como la mujer y el amor, el fútbol y el balón… y lo escribe una mujer. Usted llega muy propio a la cancha, calienta, hace el trotadito ese en el mismo lugar (aún no entiendo para qué trotan en el mismo lugar si es más divertido moverse, pero bueno), pega un brinco, gira el tronco, toca el césped y hágale mijo a correr. Entonces, de manera muy propia también llegan sus contrincantes, hacen el mismo ejercicio y empieza el chico. El balón lo tienen los contrincantes, y empieza a rodar por la cancha, se escuchan los famosos dichos de los hombres cuando están jugando y su equipo no ha tocado el balón. Empiezan a subirse los ánimos, usted llega y de manera muy habilidosa logra robarse el balón, pasa corriendo la cancha y se siente como si fuera Cristiano Ronaldo en plena Premier League. Escucha en la voz del “tigre” un estruendoso grito que le dice “Tóquela, tóquela...

Dilo ahora

Una noche de esas tantas me llegó un mensaje (no divino, pero sí como una especie de señal). Entre líneas pude leer la respuesta que estaba buscando: Dilo ahora. Es que si no lo dices ahora, después será tarde. Si no le dices ahora eso que tienes atravesado en la garganta, muy pronto ya no encontrarás la manera de decirlo, corres el riesgo de que se te olvide o que el miedo te consuma y nunca lo hagas. Te quedarás con la duda de ¿qué hubiera pasado si…? Y la verdad, prefiero no pensar en eso. Si no lo dices ahora puede alejarse de ti, puedes perder la oportunidad de hacer un cara a cara y decirle eso que tanto deseas que sepa. Si no lo dices ahora, si no lo sacas de tu interior, puede llegar a crecer dentro de ti y no sabes qué tan bueno sea eso para tu salud. Si no lo dices ahora, si no vences tu miedo y lo dices, nunca lo dirás, dilo ahora, no te lo guardes, de pronto es tan importante o tan especial que no tiene porqué estar guardado. Dilo ahora, aprovecha la oportunidad. D...

Escóndete

No te dejes ver. Juguemos a que yo no te veía como te veo en este mismo instante. En el mejor escondite lejos de mí. No te dejes ver, no me dejes verte, escóndete pero sólo de mí. No me dejes ver todo lo bonito que tienes. Ni lo bien que te ves a veces. Dale, escóndete y permíteme no soñarte más, permíteme que esos pensamientos se vayan lejos de mi mente. Escóndete y no me dejes ir hacia ti, cuando me acerque mucho, corre a tu escondite y oculta todo esa magia que llevas sin saber. Estoy jugando solita a esconderte y tú me dejas verte. Escóndete lejitos, bien lejitos. Juguemos a que yo no te encontraba. ¿O mejor a que te encuentro? ¿O me estoy imaginando este juego?

¿Te acuerdas de allá?

Allá, el rincón en donde te escondías cuando los monstruos llegaban, te refugiabas en sus brazos, escondido en el rincón para que no te alcanzaran, y luego descubrías que era la sombra del armario juguetón. Ese allá, en donde un piso de madera se convertía en un rompecabezas gigante, te decían que no lo desbarataras, nunca entendías por qué te decían eso si era un rompecabezas gigante y siempre lo armabas nuevamente. Allá, cuando una montaña de arena se convertía en el Everest y tú, imponente, te subías a la cima y eras el conquistador del mundo entero. Allá, en la tierra de príncipes y piratas, donde todo iba con un sonrisa en la mano y creías que la astronomía hacia plas plas, era parte de tu mundo. Allá, donde el amor era un corazón, los payasos eran malos, un reloj de oro era otro juguete más, una sonrisa de mamá era tu estrella más grande y la comida que no te gustaba era peor que los monstruos que te perseguían. Allá, cuando querías te convertías en doctor, bombero, profes...

Nunca es suficiente

Nunca lo ha sido y para el día a día es más difícil sobrellevar el corazón a lo cruel del mundo. Leí alguna vez que todas las personas mienten, la única variable es acerca de qué, y lo creo firmemente. Entregas ese pequeño trozo de ti, sin esperar más a cambio que el buen trato y te estrellas con lo bonito del dolor. Nada ni nadie es para siempre. Algunos se sientan a rezar, otros se sientan a esperar que todo cambie, otros un poco menos astutos sólo ven como corren lagrimitas de cielo por sus mejillas. Nada es inevitable, todo sucede por una razón… ¿Cuál es la razón? Enviarte lejos del destino y burlarte de él. Nadie lo sabe Lo que es seguro, es que para mi la derrota no es una opción. También leí que las cicatrices son las marcas de un guerrero, son su victoria o su perdición… Es como el vaso medio lleno o medio vacío, todo depende de cómo lo veas. Prefiero no esperar, en vez de esperar me siento a reír. En vez de rezar o suspirar por lo perdido, le susurro mis sueños al hermoso día ...

¿Actuar o pensar?

Hoy no tengo ganas de pensar. Veo como pasa la gente por la ciudad desde una ventana que señala al cielo, como si allí fuéramos a buscar alguna salvación. Se encuentra la señora del frente con el jovencito que muy bien le lidia sus deseosos achaques de su no tan avanzada edad. En el Transmilenio la gente se empuja por entrar y terminan escupiéndose hacia el vehículo que casi le arranca el morral a más de uno. Los carros pasan sin dejar marca alguna ¿le pasará eso a quienes van en su interior? Hoy no tengo ganas de pensar, insisto, lo cual es malo, pues mi labor es pensar. Aunque no tengo la intención de hacerlo, quisiera perderme detrás de algún muro para no dejarme ver de nadie y respirar lo bonito de la tranquilidad. Pero no tengo ganas de pensar, ni en mí ni en nada. No quiero leer los periódicos y las opiniones que tanto me gustan, no quiero saturarme con la actualidad de mi país, con su gobierno y oposición, con sus trampas y mentiras; no quise mirar lo que me alimenta creat...